
Me gustaría decir que escribir este libro ha sido una empresa
agradable; pero no lo ha sido ni un solo momento en los dos años que me ha
llevado terminarlo. Sobre todo ha sido especialmente desagradable revisar
todas las cintas de vídeo del experimento de la prisión de Stanford (EPS) y
leer una y otra vez los textos con sus transcripciones. El tiempo había ido
borrando el recuerdo de la maldad creativa de muchos de los carceleros, del
sufrimiento de muchos de los reclusos y de mi pasividad al dejar que los
maltratos siguieran durante tanto tiempo, de mi maldad por inacción.
También había olvidado que hace treinta años empecé la primera parte
de este libro por encargo de otra editorial. Pero lo acabé dejando porque no
estaba preparado para revivir aquella experiencia tan reciente. Me alegro de
no haber seguido adelante obligándome a escribir, porque el momento
adecuado ha sido éste. Ahora poseo más experiencia y puedo aportar una
perspectiva más madura a esta tarea tan compleja. Además, las similitudes
entre los maltratos de Abu Ghraib y los acontecimientos del EPS han dado
más validez a nuestra experiencia de la prisión de Stanford y ayudan a
explicar la dinámica psicológica que ha contribuido a crear los espantosos
maltratos de esta prisión tan real.
https://ametzagaina.org/wp-content/uploads/2023/05/el-efecto-lucifer-zimbardo-philip.pdf