Mientras en China transcurría la vida de Confucio y sus discípulos, en la India florecía el pensamiento
budista y en Grecia se estaba desplegando el pensamiento de los filósofos presocráticos. Fue un
periodo de grandes pensadores que parece extenderse de un lado a otro de ese continente único y
continuo que solemos dividir artificialmente en dos: Europa y Asia.
Conforman la primera expresión de lo que se podría llamar pensamiento laico, y son los
fundadores de un saber no sacralizado que se podía y se debía transmitir, por ejemplo, a través de la
enseñanza. Por eso, los filósofos tanto chinos como griegos de aquel momento solían fundar escuelas.
Platón tuvo su academia a las afueras de Atenas, donde presumiblemente se enseñaba, además de
geometría, política, retórica, buenas costumbres; y Confucio (Kong Qiu) también tuvo su escuela, tras
haber pasado varios años primero trabajando como administrador de un silo y más tarde como
administrador agrario.
Nacido en el 551 a. de C. y muerto en el 479, se dice que fue un niño serio y pacífico y que a los
diecisiete años tenía una gran reputación entre sus amigos. He comprobado que esa reputación no la ha
perdido entre los más próximos, ya que en Qufu, su ciudad natal, todos se consideran descendientes de
Confucio y son muchos los que se apellidan Kong.


No hay comentarios:
Publicar un comentario