En el paso del siglo XVII al XVIII, y a lo largo de toda la centuria, se produjo
una notable migración a las grandes ciudades, en especial a las cortes. Así, en
Castilla, mientras Madrid crecía en población, urbes como Segovia y Toledo,
que se encontraban a su cercanía, la perdían. Uno de los reflejos que este
movimiento provocó fue el aumento de literatura sobre núcleos urbanos, así
como discusiones acerca de los problemas que la superpoblación ocasionaba:
carestía de los alimentos, de la vivienda, falta de suministros, confusión de
costumbres, idiomas, indumentarias, crisis moral.
La confusión y la crisis son respuestas a la experiencia de la ciudad en
tanto que espacio de la diferencia, o donde convive (a veces en discordia) la
diferencia. Su gestión crea la identidad del lugar y de quienes lo habitan; un
«dictado tópico» no necesariamente peyorativo, que no pocos de dentro y fuera
reconocen, al que contribuyen artistas, escritores, urbanistas, sociólogos. Ya sea
de forma crítica, ya amable, todos los acercamientos dan a la metrópoli una
especificidad que la individualiza, mediante la cual los habitantes se sienten
ciudadanos. Parte de este proceso consiste en crear lugares símbolo (Puerta del
Sol, Torre Eiffel, etc.). Todas las capitales los tienen, y pueden ser los mismos o
distintos de los llamados «lugares de memoria».
https://journals.openedition.org/bulletinhispanique/11826

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