Miguel Serveto y Revés (no Servet, que corresponde a su versión afrancesada) ilustre español de la primera
mitad del siglo xvi (1511-1553), célebre en vida, adquirió fama postuma por ser el autor de la primera descripción
impresa de la circulación menor de la sangre. Murió en la pira defendiendo sus principios teológicos,
de los que no quiso retractarse. Ello ha cooperado, solidariamente con su contribución al progreso científico, a
mantener la trascendencia de su nombre. Salvando los detalles, buena parte de sus hallazgos anatomofisiológicos
permanecen vigentes. Su condición fue tan singular que ningún otro hombre de la época puede aportar la
circunstancia biográfica de haber sido condenado tanto por los protestantes como por los católicos. Quemado en
efigie por sentencia de la corte eclesiástica de Viena del Delfinado, su evasión sólo logró aplazar la muerte en
la hoguera de Ginebra. La saña, la intransigencia y la intolerancia de Calvino lo hicieron factible.
Todo esto es bien conocido. No lo es tanto el que además de su ciencia médica y teológica, sus conocimientos
incluyesen también la filología, las matemáticas, la geografía, la astronomía y la astrología. Su dominio del
griego y el latín fue el instrumento que le permitió bucear en los textos antiguos e incorporarse a la tarea humanística
de la época.
Serveto es un hombre cabal del Renacimiento. Pocos como él pueden ofrecer la suma de las condiciones peculiares
del humanista : culto de la antigüedad clásica, estudio de la Naturaleza y, sobre todo, conocimiento del
hombre. Lo que constituye la piedra de toque para contrastar la identidad renacentista de Serveto, no es ya
su conocimiento del griego y el latín y su erudición acerca de la antigüedad clásica, sino la proyección de su
cultura y su talento hacia la resolución de un problema humano. En este destino humano que da a su saber,
pues, radica el verdadero carácter renacentista de Serveto. El humanismo de Serveto no sólo se manifiesta cuando,
al hacer la disección del corazón, escribe lo que ha visto : «...el notable tamaño de la arteria pulmonar que
no fue hecha de esta suerte ni emite tan gran e importante volumen de sangre desde el corazón a los pulmones,
simplemente para su nutrición...» que traduce el concepto renacentista de la observación ob oculos, sino en cualquiera
de sus escritos. Su preocupación por lo humano se manifiesta en su concepto de que el alma radica en la
sangre. Una opinión que, sorprendentemente, expone en el Christianismi Restitutio un libro de teología. Y mantiene
ese mismo estilo en su edición de la geografía de Tolomeo e incluso en sus disquisiciones astrológicas. Si
los astros tenían autoridad y gobierno sobre el cuerpo humano, su estudio sería del mayor interés.
En la polifacética vida de Serveto, su relación con la astrología es lo menos divulgado. Por ello hemos elegido
este tema para desarrollar este ensayo.


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