El texto está en inglés.
En torno al año 155 de nuestra era, en Alejandría, el gran científico Claudio Tolomeo, cuyos escritos sobre astronomía, música y geografía tendrían una notabilísima repercusión durante toda la Antigüedad y la Edad Media y aun después, pero de cuya vida y personalidad apenas sabemos nada, compuso su Μαθηματικὴ –o Ἀποτελεσματικὴ– σύνταξις τετράβιβλος, es decir Composición astrológica en cuatro libros, una completa introducción al arte astrológica conocida posteriormente con el título abreviado de Ἀποτελεσματική o Ἀποτελεσματικά (scil. βιβλία) o simplemente como el Tetrabiblos (Quadripartitum en su versión latina), que es el título con el que se designa la obra en la tradición bizantina al menos desde el siglo XII1. Pues bien, de las tres referencias explícitas a homosexualidad femenina que encontramos en este tratado de astrología, la primera, contenida en el último capítulo (15) del libro III, me parece sin duda la más importante y significativa –también, me atrevería a decir, entre los restantes pasajes de los que se ocupa esta serie de trabajos nuestros–, por su amplio tratamiento de la cuestión dentro de una estructura razonada y equilibrada, tal como veremos enseguida, en consonancia con el carácter general de la obra y al contrario de los manuales de astrología comunes en la Antigüedad.
https://revistas.uma.es/index.php/mhnh/es/article/view/16910/22804
Los historiadores de la ciencia españoles han calificado al Tratado de Astrología atribuido
a Enrique de Villena (1428?) como “un texto de la primera mitad del siglo XV
representativo de la decadencia de la astronomía española” y que su presunto autor “no es
un científico serio, sino un dilettante con reputación de astrólogo y nigromante”2.
Siguiendo este enfoque, heredero del que se construyó a partir del siglo XVII en la
tradición occidental cuando los principales filósofos desarrollaron el enfoque y el método
que fueron conformando la ciencia moderna, se ha considerado que el Tratado “da una
visión general del cosmos que es la que cabía esperar de un hombre culto de la época que
no fuera un profesional de la materia”
Tras elaborar el horóscopo de un niño enfermo, un astrólogo asegura a
su madre que vivirá muchos años, pero, cuando le pide sus honorarios y ésta
le dice que vuelva a cobrar al día siguiente, exclama: “¿Y qué pasa si el niño
muere esta noche y me quedo sin mi paga?”. Este chiste, transmitido en la
colección de historias jocosas conocida como Philogelos1, cuya redacción
suele situarse en torno al siglo IV d. C., nos alerta sobre el escepticismo
popular hacia las prácticas adivinatorias de los astrólogos, pero también
puede revelarnos el grado de difusión que alcanzó esa antigua creencia y
ponernos en la pista de su importancia para un conocimiento profundo de
la sociedad y la cultura de la Antigüedad grecolatina.
Quizá sea necesario realizar un pequeño exordio que explique el motivo por el que estas dos disciplinas, en apariencia con poco en común, ...