El lector tiene entre sus manos una combinación de ensayo filosófico y relato literario. Las reflexiones urdidas por un solitario estudiante que acude a una de las mecas del pensamiento especulativo del siglo XX vienen acompañadas de narraciones diversas, recopilaciones de sus vivencias más pujantes y de la huella que han grabado en su desarrollo espiritual. Las fronteras que escinden los distintos géneros son convencionales. La fijación de un límite entre una disquisición teológica y una narración obedece a un artificio, inspirador y práctico algunas veces, pero angosto y empobrecedor en la mayoría de los casos, pues para expresar las dimensiones más heterogéneas de la experiencia es preciso sobreponerse a las divisiones y concebir la unidad. He querido bucear en las profundidades de cuestiones inveteradas de la metafísica y de la teología, pero he deseado también explorar la riqueza y la angustia de una vida consagrada a la búsqueda de la verdad. Por ello, las contradicciones interiores de quien, pese a amar apasionadamente el saber, no cesa de sufrir, insatisfecho por su impotencia para alcanzar el todo, emergen de manera ubicua. En último término, el objetivo de este libro no es otro que el de plantear la pregunta sobre Dios y el sentido del universo, las grandes lagunas del conocimiento humano. Nuestro protagonista se sumerge en las aguas de las humanidades y de las ciencias porque anhela descubrir el rostro del absoluto. Lo consiga o no, quizás le sosiegue recordar las palabras de Pascal: “Alma, consuélate, no me buscarías si no me hubieras encontrado”
https://repositorio.comillas.edu/jspui/bitstream/11531/8039/1/LA%20BELLEZA%20DEL%20CONOCIMIENTO.pdf

No hay comentarios:
Publicar un comentario